jueves, 25 de julio de 2013

El trato / En Peligro

Sujeta fuertemente el tubo de helada cerveza, dejando que las gotas de agua resbalen por sus dedos acariciándole, como único asidero a la realidad. Sentado a horcajadas sobre el mullido taburete sus ojos se pierden en la tostada piel de la mujer que ataviada con un pequeño tanga y unos tacones de vértigo baila para él.

Desde las alturas, agarrada a una barra de acero, mueve su sensual cuerpo en sinuosas piruetas que mantienen al sujeto bajo un hechizo del que no puede salir.

Unas mesas más abajo otro hombre se entrega por completo a la observación de otra hembra que con diferente tono de piel repite su mortal baile hipnotizando su mente como si de un niño se tratase.
La escena es dantesca y sigo sin comprender cuál es el significado de todo esto, que les falta a estos hombres para que tengan que caer en el hechizo de los bailes de mujeres que ni siquiera cruzan una palabra con ellos.

Mi bailarina, ajena a mis elucubraciones sigue contoneándose ante mí acariciando de vez en cuando con sus manos mi cara, para luego repasar de manera lujuriosa su propio cuerpo, como si restregase parte de mi esencia por sus pechos desnudos.

-Mónica, baja de una puñetera vez. Tú me has llamado porque querías hablar conmigo. Sabes que estos lugares no son de mi agrado. - Le insisto de nuevo para que se baje de la mesa y se siente a mi lado, cogiendo con una mano la suya y alertando al guardia que desde el fondo de la observación me mira. Sé que el gorila podría matarme con solo quererlo, pero soy suficientemente importante como para que se limite a ver como rompo una de las reglas que con tanto interés vigila. He tocado a una de las chicas...

Mónica por fin se deja de juegos y se tuba en un pequeño diván que se encuentra a mi lado permitiendo que su  cuerpo quede perfectamente visible a mis ojos y al alcance justo de mis manos.

-Hazme el amor... Estoy muy cachonda.- Me susurra al oído mientras acaricia mi pecho y mira de reojo al vigilante que en su rincón aguarda nervioso.-hazme el amor o grito que me has metido mano, y entonces ese tipo de allí se te comerá vivo.- Me susurra de nuevo mientras sonríe dejando que su aliento acaricie mi cuello.
Mi mano se posa en su cabeza mientras en que la otra se introduce dentro de la chaqueta para sacar una pequeña caja de metal que contiene unos pequeños cigarros. Delicadamente deslizo mis dedos dentro de ella y porto uno de esos cigarros a mi boca mientras que chasqueo los dedos de la otra mano para solicitar fuego del propietario del local que atentamente se precipita en encenderlo.

-No, cariño, no lo haría.-Le digo quedamente mientras sonrió al propietario.- Creo que me tiene más miedo que a su jefe.

Mónica se levanta y se queda frente a mí, con un pequeño movimiento de caderas deja que el pequeño tanga caiga al suelo dejando ante mi cara un pubis con una enorme marca roja en forma de flecha que lo cubre de abajo arriba inclinándose a la izquierda.

-Quien te ha dejado su firma Mónica? Acaso ahora tienes dueño? Pensé que siempre habías sido un pájaro libre.-

Miro atentamente al dueño del local descubriendo que la misma marca recorre su pecho en forma de tatuaje, el muy cabrón se ha atrevido a marcar a mi chica como si fuera una res de su propiedad, y al parecer lo ha hecho con algo candente.

El estúpido troglodita que me miraba sentado desde un rincón, con sus ciento cincuenta kilos de simio descerebrado continúa sentado en el pequeño taburete mientras que de un rápido giro de muñeca saco una pequeña hoja de cerámica y con ella degüello a su jefe dejando que ríos de sangre resbalen por su cuerpo al suelo.

Agarro por la cintura a Mónica y la porto cual saco de patatas, desnuda, solo con los zapatos de tacón y la horrible marca en su cuerpo. Mientras paso al lado de guardia que me mira sin saber si debe ayudarme o detenerme le espeto. -Tu no me has visto nunca y no sabes que le ha ocurrido a tu jefe, ve al aseo a consumir toda la coca que puedas para que la policía se trague que estabas colocado.- Y mientras obedece saco a Mónica de ese infierno metiéndola en mi coche.

Mientras conduzco saliendo del "paraíso" me pregunto qué coño ha hecho ahora esta mujer para meterse en problemas de nuevo. 

-Firmamos un trato perra.- Le susurro una vez que llegamos a su casa, mientras la tumbo en la cama y la cubro con una sábana. -Y tienes la obligación de cumplirlo.- 
Sentencio mientras, después de cerciorarme que se encuentra en buen estado de salud y recojo mi tridente (no me gusta salir a la calle con el). -Lo firmaste con tu sangre....

sábado, 20 de julio de 2013

La infiel

La noche la abruma, el alcohol ya instaurado en la sangre y las dos rayitas de coca que hace unos minutos a esnifado la mantienen en un estado de entusiasmo y excitación inmensos.

La luces de la discoteca la bañan en mil colores y dejan que su figura se transparente por el vestido de seda blanco en el que se ha enfundando. Un pequeño tanga y los zapatos de tacón son todo lo que porta, hoy ha salido sin bolso, el dinero lo guarda en un pequeño bolsillo del casi transparente vestido.

Un atractivo chico con la piel de ébano baila frente a ella, la camisa desabrochada deja ver un torno depilado y musculoso. Se acerca a ella bailando cada vez más pegado, dejando que sienta el contacto con su piel.

La besa delicadamente en el cuello y sus manos recorren su cuerpo delicadamente, la canción acaba y el la invita a tomar la última copa en su casa.

Esta desnuda, tumbada sobre la cama, el joven se encuentra a sus pies con un dedo gordo metido en la boca. Su exploración le conduce a través de los muslos besándole el sexo, humedeciéndola aún más, para continuar por el vientre y los pechos, acabando en la boca la cual violenta con su lengua.

El oscuro pene del joven se abre paso por la sonrosada vagina hundiéndose en ella más y más como si jamás fuera a acabar de entrar. Ella se asombra del tamaño del miembro del joven moreno y deja que poco a poco con un rítmico vaivén la penetre de dentro a fuera, de fuera a dentro abriendo un mundo de sensaciones que no conocia.

El joven es amoroso y la besa en el cuello, los pechos, la boca, mientras prosigue penetrándola suavemente hasta que nota como la temblorosa piel pálida de su piel transpira sexo y lujuria por doquier.

-Clávamela fuerte, hazme daño... Soy toda tuya haz de mi lo que quieras.- Le susurra al oído.
El ritmo se vuelve más cruel, más violento, pero a ella le gusta, jadea y suda, quiere más fuerte y termina por ponerse encima del joven siendo ella la que controla la profundidad con la que es penetrada. El traqueteo es tal que al llegar al orgasmo la cama se rompe y terminan los dos jadeantes en el suelo.

-Has terminado.- pregunta ella temerosa, no deseaba que hubiese acabado dentro de ella. El miedo al embarazo la asusta. -No, responde él. Podrías terminármelo con la boca.

Ella, que aún se encuentra muy excitada accede a la petición e introduce su pene en la boca saboreando cada rincón de este. Ayudándose con la mano y con la otra aferrando el glúteo del impresionante mulato deja que este termine eyaculando en su boca, sabiéndole a mil mieles el dulce producto de su trabajo.

Una vez ya en la calle, mientras pasea en dirección a su casa y con el sol despuntando al alba se sienta en un banco del paseo y rompe a llorar. Las dulces mieles del joven mulato ahora le saben a amarga hiel, y el suave olor masculino que antes le provocaba excitación ahora le produce asco y miedo.

Llegada a casa se desnuda y ducha lo mejor posible, sin hacer ruido, intentando pasar desapercibida. Se mete en la cama, aun son las seis de la mañana y se duerme con pequeños regueros de lágrimas aun recorriéndole la cara, junto a su esposo.

viernes, 19 de julio de 2013

The Client List (version española)




El cliente es un hombre de treinta y pocos, no hace mucho deporte y su trabajo le obliga a estar sentado todo el día. "Parece un poco friki", piensa entre risitas mientras observa cómo se cambia de ropa tras el biombo, "Pero está bien dotado".

Mónica lleva una bata blanca con la que cubre, normalmente, unos short y una camiseta que usa para trabajar, pero hoy se ha levantado revoltosa y ha decidido ser "un poco puta", además se ha cansado del trabajo de masajista en "este spa tan pijo", y tiene intención de follarse algún cliente. Así que hoy debajo de la bata blanca se ha puesto solo su mejor conjunto de lencería, un sujetador transparente con "abre fácil" por delante, de esos que apenas sujetan nada pero son bonitos, y unas media con liga de "buscona", no se ha puesto bragas ya que su plan incluye introducir el pene de uno o varios clientes en su cuerpo.
A modo de experimento ha probado a tocarle ligeramente el pene al primer cliente de la mañana, un señor mayor que ha sonreído, pero se le ha disparado el pulso y le ha entrado miedo de que se le muriese allí mismo. El segundo cliente había sido una mujer gorda, que además de ser muy desagradable no se había dignado ni a mirarla.
El tercer cliente estaba ahora tumbado boca arriba sobre la camilla, el joven  no era el típico cliente del spa, sino uno de esos que había elegido un masaje terapéutico porque tenía muchos dolores de espalda, decía. Había discutido un poco con él, ya que no entendía porque debía desnudarse por completo y tapar un poco sus vergüenzas con una sábana, tampoco entendía porque debía estar boca arriba si a él le dolía la espalda y no el pecho. Finalmente, y con una de sus mejores sonrisas, Mónica le hizo callar y acabo saliéndose con la suya.

Al principio se limitó a darle el masaje por el pecho, rozándole un poco los brazos con el pecho, para que se diera cuenta de que lo que allí había era una mujer. Más tarde continuo con las piernas, metiendo la mano por el interior de los muslos y rozándole un poco las ingles.
Todas aquellas caricias y roces termino por excitar al joven que poco a poco fue bombeando sangre a su pene hasta que este quedo parcialmente erecto, fue entonces cuando Mónica decidió pasar a la acción dejando caer primero su bata al suelo y mostrando sus virtudes al joven que la miraba con la boca abierta.
Primero le beso en la boca, un beso húmedo y largo mientras con su mano le acariciaba el pecho hasta llegar a la sabana que le tapaba los genitales para retirarla y acariciar su pene. Fue bajando por el cuello, siempre besando cada centímetro de piel, hasta llegar al pecho. Tras jugar unos segundos con su lengua por los pezones erizados del hombre bajo más su cuerpo hasta tener su boca frente a su glande y saboreo lentamente con la punta de la lengua la gotita de líquido que por la punta de este asomaba.
Con la destreza de una atleta deslizo su pierna por encima del joven para quedar a horcajadas sobre el ofreciéndole su sexo, y con el ansia de un animal hambriento introdujo todo el pene en su boca, succionándolo desde la base hasta la punta, una y otra vez.

El joven, que era más bien tradicional no supo que hacer por unos segundos pero tras pasado un rato irguió su cabeza para hundir su lengua totalmente en el sexo de Mónica y experimentar el placer de degustar los flujos de una diosa.

Mónica decidió cambiar el tercio y con una pirueta imposible quedo sentada encima del joven con los sexos enfrentados y su boca besando la frente de este. Así, delicadamente introdujo su pene en su vagina llenándose por completo de él y esparciendo toda su esencia a lo largo del espectacular pene. Agarrando su cabeza la poso sobre su pecho y dejo que fuera el quien decidiera cual morder y succionar mientras Mónica movía las caderas en círculos proporcionándose un placer inmenso que la llevo al orgasmo.
Los ruidos de la camilla y los gritos de placer de Mónica habían alertado a la supervisora que observaba desde la puerta como Mónica llevaba al joven al orgasmo dejando que eyaculase dentro de ella y quedara rendido bajo la mujer más espectacular con la que jamás copularía.
Mónica se vistió poniéndose las bragas y los vaqueros dejando el recuerdo del joven en su interior, y con la mano aun húmeda de los fluidos de aquel joven acaricio la cara de su jefa diciéndole al oído: "Imagino que estoy despedida" sin pensar en que aquella estirada cuarentona todavía paralizada por el acto sexual más excitante que había presenciado en su vida, estaba sufriendo su primer orgasmo en silencio..


viernes, 12 de julio de 2013

La testigo.

Ataviada con un salto de cama transparente, braguitas a juego y un liguero que sujeta unas medias blancas de encaje abre la puerta esperando que esta vez sea su amante, un hombre de mediana edad atractivo y seductor que conoció apenas hacia dos meses.

Con una de sus mejores sonrisas adopta la pose que más sexy le parece mientras descorre el cerrojo para encontrarse que tras la puerta no se encuentra el hombre deseado, sino una jovencita que minutos antes en compañía de otra señora pretendía presentarle a Jesús.

La joven testigo de Jehová se encuentra plantada allí delante suya sin decir palabra, con evidentes mejillas sonrojadas. La falda que antes le cubría por debajo de la rodilla ha sido plegada y ahora deja ver gran parte de los muslos, la camisa blanca perfectamente abrochada ahora tiene dos botones desprendidos dejando que los pechos, voluminosos, ejerzan la presión necesaria para mostrar que se ha quitado el sujetador, el pelo antes recogido ha sido soltado y cae como cascada negra sobre los hombros, las pupilas dilatadas recorren a Mónica de arriba abajo con un más que aparente deseo.

-Pareces muy tímida. Entra, nos puede ver alguien.- Le dice Mónica mientras la sujeta de la mano y la obliga a entrar en el ático.

Una vez allí la desnuda lentamente para ver, no con sorpresa, que la chiquilla es coqueta y anda totalmente depilada. Mientras la besa en el cuello desde su espalda la joven se ruboriza y sus ya sonrosadas mejillas se tornan más rojas. Las manos de Mónica recorren las redondeces de la chiquilla, que apenas cumple 20 años.

Asiéndola de nuevo de la mano la conduce a la habitación donde la tumba en la cama para continuar besándola por todo el cuerpo, comenzando por el cuello, bajando lentamente a sus pechos y mordisqueándolos poco a poco, besando su obligo para finalmente hundirse entre sus piernas y saborear el agridulce reguero que la joven ha ido dejando caer por los muslos. Y finalmente besarle el sexo lamiéndole a conciencia.

La joven jadea precipitadamente y sujeta con fuerza las barras del cabecero de la cama dejándose hacer, acabando en una explosión de placer que otorga el orgasmo. Mónica cambia su postura y mientras continúa chupando y lamiendo el sexo de su joven amante ofrece el suyo propio siendo correspondida de igual manera.

El orgasmo llega al unísono, tan duradero y placentero que las deja en aquella postura exhaustas.
Pasados unos minutos, la joven, se incorpora y se viste, dejando como único sonido un beso en los labios de Mónica y desapareciendo de su vida.

-No ha dicho una palabra.- Pensó Mónica. -Tampoco era necesario, al final si me ha presentado a Dios...

martes, 9 de julio de 2013

Miradas

Se había escondido dentro del armario pensando que la visita de Mónica era su marido.

-Si me pilla aquí pensara cualquier cosa, y ya sabes cómo es.- La urgencia no permitió a Mónica responder y se quedó allí plantada ante la puerta observando como su amiga se escondía en un armario con puertas de rejilla.

El visitante, como no podía ser de otra forma, no era el marido de su amiga si no un amante de Mónica que muy efusivamente se abalanzó sobre ella sin mediar palabra y evitando cualquier tipo de conversación dejando así a la esposa asustadiza escondida en el armario y observando todo lo que en la habitación acontecía.

Él se afano en arrancar la ropa de Mónica destrozando lo menos posible, para quitarse la ropa y quedarse desnudo lo antes posible él tambien, dejando a la vista de la oculta esposa un poderoso miembro esculpido en un cuerpo digno de un David de Miguel Ángel. 
Él amante levanto a Mónica asiéndola de los muslos fuertemente e introduciendo en el mismo movimiento el enorme miembro en la ya excitadisima Mónica mientras con la lengua violentaba su boca. Tras varios y fuertes empujones decidió dejarse caer sobre la cama sin soltar presa de esta manera introdujo su miembro mas profundamente. Una vez sobre ella siguió penetrándola mientras esta jadeaba de placer asiendo los glúteos de su amante.

De nuevo hubo un cambio de postura y esta vez fue ella quien cual amazona cabalgo a su indomable caballero montándose sobre él y demostrando que era tan buen jinete como montura, mientras él con los ojos abiertos y las manos extendidas la recorría desde los pechos hasta los muslos acariciando su cuerpo.
Los gritos de Mónica subían cada vez más de tono y tras un nuevo cambio de postura que dejo a Mónica a cuatro patas de cara al armario donde estaba escondida su amiga y a él tras ella forzando el ritmo otro orgasmo recorrio el cuerpo de Mónica.

Mientras Mónica obtenía su enésimo orgasmo y su amante descargo el ansiado premio en su interior y  proporciono a Mónica otra oleada de placer al sentir como su amante caiga rendido a su espalda, se incorporó bañada en sudor y saliva permitiendose guiñar el ojo a su amiga escondida, para después succionar el pene de su amante que torno a la vida de nuevo dando por comenzado un segundo asalto.

Su amiga observada desde el armario mientras veía como Mónica volvía a la carga y su amante la correspondía con una embestida tras otra. Ver a los dos cuerpos desnudos, tocándose, besándose, amándose, excito sobremanera su tembloroso cuerpo que cuando comenzó el tercer asalto de aquella batalla sexual tenía la mano dentro de sus bragas e introducía uno de sus dedos en su vagina y frotaba en busca de su propio orgasmo.

Mónica que se encontraba de nuevo sobre su amante escuchaba los gemidos de su amiga, cosa que la excitaba más todavía y se deshacía en un nuevo orgasmo gritando tan alto que su amante no se percataba de que la intrusa gozaba con aquella sesión de sexo tanto o más que ellos.

Finalmente aquella batalla sexual termino, él se vistió y con un amoroso beso en los labios de Mónica emprendió la partida. Apenas había llegado a la puerta cuando se giró mirando el armario y dijo: "Espero que haya sido de tu agrado, la proxima puedes apuntarte en vez de solo mirar.." Y se marcho sonriente.

"Dedicado a C."

lunes, 8 de julio de 2013

Las bolas chinas.

Bea era una mujer de blanca piel, tatuada por cientos de pecas que la recorrian a lo largo de todo su cuerpo; de generosos pechos y anchas caderas, y una exuberante melena rubia que le tapaba los hombros. Unos enormes ojos requemarcaban su cada y que habían hecho tragar saliva a más de un hombre.

Estaba casada con el hombre de su vida, un hombre apuesto que la amaba. El cuadro lo terminaba una hija pequeña que copaba la mayor parte del tiempo libre, que era mucho, de esta ama de casa al uso.
El aburrimiento y la monotonía la hacía devorar con saña libros y libros de sensualidad, y sexualidad, explicita, imaginándose ser la protagonista de muchos de ellos, e incluso llevando a la práctica alguna de esas pequeñas perversiones, siempre con su marido.

Es por esto que una mañana se presentó en el ático de Mónica sollozando. - ¿Que te ocurre mujer?.- Le preguntaba Mónica mientras Bea no podía parar de llorar.- Te ha pegado tu marido? Se ha ido con otra?
Entre sollozo y sollozo Bea le explico cuál era el motivo de su mal, y es que en una de esas pequeñas perversiones había adquirido unas bolas chinas para fortalecer... Decía. Pero con las prisas y la inexperiencia había introducido el aparato de goma y plástico de manera incorrecta, con la goma que permitía sacar el mismo en la parte superior. Y claro, era imposible de sacar.

Mónica no pudo contener la risa, pero debido a su amistad y que durante los años de esteticien, época en la que trabaron amistas, la había visto desnuda en más de una ocasión.

Fue en ese momento cuando sonó el timbre y una inesperada visita hizo su aparición, Carlos, el médico personal de Mónica y ginecólogo de profesión venía a entregarle unos resultados y "tomar una cerveza".
Mónica convenció a Bea para explicarle su problema y una vez entendido el obligo a desnudarse de cintura para abajo para abajo y recostarse en la cama.

Mientras el realizaba su labor observando primero, palpando después, Mónica acariciaba los hombros a Bea en un intento de relajarla. Ésta, era una mujer sensible que con poco que le hiciera su marido se "entonaba" y pese a los nervios y la vergüenza empezaba a sentir una pequeña excitacion que no paso desapercibida a Mónica, que decidio sacarse la bragas mientras desplazaba sus caricias hacia los pechos de Bea.

Cuando el engendro de goma y plástico estuvo bien asido por los dedos del ginecólogo, y este tiraba de él de dentro a fuera con especial cuidado de rozar todo lo que podia el clitoris de Bea, ésta ya jadeaba de placer y se dejaba hacer mientras que Mónica decidía abalanzarse sobre su sexo sin contemplación ninguna y continuar con la estimulación mas directamente, tanto fue asi que Bea se sumió en un orgasmo que le nublo el juicio y totalmente ofrecida dejo que Mónica introducía sus dedos mientras lamia y succionaba con delicadeza mientras que con la mano libre estimulaba al ginecólogo que se había desnudado. Éste introdujo su enorme miembro en Bea cuando Mónica decidió morder fuertemente el interior del muslo dejandolo marcado con sus dientes y le ofreció su propio sexo para que se sumase al juego que levanto su cabeza para saborear el dulce nectar de Mónica..

- Bea, te encuentras bien?..- la despertó Mónica, te has desmayado.

Mónica le explico como al sacar el aparato había perdido el conocimiento, debido, seguramente a la absoluta vergüenza que había pasado.
El ginecólogo, que ya se había marchado, le había recomendado una crema intima para curar la rojez que le había provocado las polémicas bolas chinas, y descanso.
Bea aun compungida decidió marcharse y seguir las recomendaciones del extraño médico, aun avergonzada tanto por su pequeño incidente como por la onírica fantasía que aun la perseguía.
Una vez llegado a casa, y ya desnuda y tranquila tumbada sobre la cama, decidió darse un pequeño homenaje y así desquitarse del mal trago. Así sus manos acariciaron sus pechos, sus caderas, sus mulos y su sexo sumiéndola en una excitación que culminaría en orgasmo.
Allí se quedó, denuda y dormida totalmente exhausta tumbada sobre la cama. En su muslo todavía se podía ver la rojez de unos dientes marcados.


"Dedicado"

viernes, 5 de julio de 2013

La visita.


La preciosa mañana discurre con tranquilidad. Tararea una canción que acaba de escuchar en la radio, algo en francés que no entiende pero que la enamora. 

Ataviada con un vestido plisado, de falda larga y grandes flores de colores como estampado, se afana por dejar su pequeño ático decente. Un moño sujeto con un palo que en su día mantuvo tiesa la enredadera que ahora yace mustia en el cubo de basura.

Esta nerviosa, él va a venir a verla, y desea que su casa se vea mínimamente habitable.
No es un amante, es un amigo, el marido de otra mujer, el padre de otros hijos. El amigo que hace por comprenderla y ayudarla.

Suena el timbre, el pequeño ático esta impoluto, en pie en medio del comedor observa la habitación.
Es pequeño, y lo sabe, apenas treinta metros cuadrados. Un comedor cocina que discurre de derecha a izquierda desde la puerta de entrada, sin pasillo. Un sofá viejo pero bien conservado en medio de la habitación y una pequeña mesa de madera con un feísimo jarrón con flores de plástico que le regalo algún amante. La cocina del siglo pasado aun funciona y está limpia, la nevera pequeña pero moderna guarda en su interior media docena de cervezas, compradas exclusivamente para esta visita.
El dormitorio pertenece de  igual manera al salón/comedor, solo un biombo japonés lo separa del resto. La gran cama de dos por dos está hecha, con sus almohadones estratégicamente posicionados, el armario antiquísimo cerrado y la ropa ordenada en su interior.
Suben las escaleras, son seis pisos por una estrechísima escalera por lo que le da tiempo a repasar de nuevo el estado de todo.

-Mierda, joder. No me he puesto bragas... - Exclama al darse cuenta del detalle olvidado.
-A mí no me importa. - La visita ha llegado y la observa desde la puerta que había quedado abierta ya hacia un rato. 

Con la boca abierta y las mejillas sonrosadas deja caer el trapo que sostiene en la mano. - Per, perdona. No sabía que habías llegado ya. Que desastre.... 

-Venga mujer no te preocupes por esos detalles que esto no es una inspección de hacienda, ni es necesario que te pongas los trapos más bonitos que tengas, ni montes este berenjenal en la casa solo por mi visita. Aunque me alaga. - Le dice, mientras se acerca  y la besa ligeramente en los labios.- Aunque lo de las bragas sí que ha sido interesante, no tengo ninguna intención de averiguarlo, aunque he de reconocer que me intrigaría mas el hecho de que llevases.-Mientras dice esto se encamina a la nevera, la conoce y sabe que habrá una cerveza allí esperándole. - Venga sentémonos y dime para que me has llamado. Tu jamás me invitarías a tu... como coño llamas a esto? Picadero, casa, hogar??? Alguna vez tuviste hogar?

Ella sabe que él es así, directo al asunto, sin importar el dolor que pueda ocasionar, no le importa mucho los sentimientos de los demás. Irónico en sus comentarios, hiriente en sus afirmaciones, desgarrador en sus críticas. Justo el tipo de hombre que la enamoraría, si no fuera porque ya le dijo que no en su día.

- Bien.- Dice mientras se sienta en el sofá.- No quiero que esto salga de aquí, pero voy a hacer una cosa, una cosa que cambiara la vida de muchas personas y probablemente me hará perder la mía. - Sus ojos se clavan en ella y decide sentarse más cerca de ella dejando olvidada la cerveza en la pequeña mesa, junto al jarrón. Sus manos ahora aferran fuertemente las suyas y la mira a los ojos denudándole el alma.- Me va a llevar tiempo. - continua.- y voy a necesitar tu apoyo incondicional. ¿Harás eso por mí?

Durante varios minutos él se queda en silencio mirándola, allí plantado, sujetando con fuerza sus manos en su regazo y con su cara a escasos centímetros de la de ella.

Ella mira sus labios, su boca, su lengua. Quisiera decirle que es una broma y morderle ese precioso morrito. Hacer el amor con él durante horas y olvidar para siempre su absurdo plan perdida en sus brazos. Pero sabe que no debe hacerlo, necesita su apoyo, por eso su corazón salta de alegría cuando esos labios, junto con esa lengua, se mueven al unísono pronunciando un claro .


jueves, 4 de julio de 2013

Humedo Amanecer.

El sol despuntaba en el horizonte, tímidamente en el momento que el sueño llegaba a su fin despertando todos sus sentidos, se incorporó de súbito quedando sentada sobre el colchón, las piernas temblorosas aun.
La habitación vacía fue una prueba más de que aquello no había ocurrido de verdad, pero había sido tan real que aun podía sentir los besos de sus amantes, las embestidas, su sexo aun palpitante le negaba que aquello no fuera real.

Recordaba cada detalle, cada momento de realidad irreal, cada beso y cada caricia. Incluso recordaba los orgasmos, recuerdo que la sumía aun mas en la excitación.

Desnuda bajo la sabana y de nuevo recostada comenzó a saborear aquellos recuerdos mientras sus manos recorrían con suaves caricias su cuerpo para acabar ambas posadas sobre sus muslos.
Las pequeñas caricias subieron el tono y su respiración comenzó a ser jadeante. Sus pechos subían y bajaban al ritmo de su respiración, cada vez más entrecortada, sus manos jugueteaban con su sexo recordando el extraño sueño con los extraños amantes.

Mientras acariciaba ligeramente su clítoris con otra mano se procuraba caricias en los muslos, en los pechos, y de nuevo en su sexo.

El clímax no tardó en llegar, profundo y largo como en su sueño, dejando una profunda mancha en las sabanas y el colchón.

Volvió a quedarse dormida sobre la cama, mientras el sol bañaba su cuerpo desnudo.

miércoles, 3 de julio de 2013

Sueños humedos.


Bésame en la boca,  deja que ella siga con sus labios en mis muslos, que recorra cada rincón de mi ser, que se empape de mi esencia, pero bésame en la boca.

Mientras tu lengua violenta mi boca acaricia mi pecho, junta tu mano a la de ella y agarrarme tan fuerte que mi grito de placer enmudezca el estruendo del mundo.

Deja que sea yo ahora la que recorra el cuerpo desnudo de tu esposa, mientras penétrame suavemente, deseo que explores mis entrañas como un intrépido aventurero. 

Empuja más fuerte caballero, ensártame con esa sonrosada lanza mientras muerdo y degusto el sexo empapado de tu señora que se muere en un orgasmo infinito a la espera de que yo gima a unísono con el mío. Cabálgame mientras destrozas la poca cordura que me queda y vuélvenos locas a las dos en una tremenda explosión de placer cuando seas tú quien se corra dentro de mí.