viernes, 13 de diciembre de 2013

Polvo rapido.



Restriego mi lengua por sus pechos, succionando los enormes y oscuros pezones. Aprieto con fuerza sus nalgas separándolas mientras noto la humedad cálida que desprende su sexo. 


Ensarto mi lanza sonrosada en su palpitante vagina mientras ella muerde mi cuello. Empujo poco a poco mientras me abro camino en su interior y dejo que se deshaga en orgasmos llenándome el oído de gemidos de placer y el sexo húmedo y chorreante. 

Nuestro sudor se entremezcla con la saliva y en un último abrazo final me hundo del todo en ella descargando mares de placer en un orgasmo infinito.

jueves, 29 de agosto de 2013

Amanecer mojado.


Amanece, un sol radiante entra por el ventanal inundando la habitación de luz y calor. No deseo despertarme, es pronto!! Remoloneo, y vuelvo a cubrirme con la suavidad de la sabana. Hace calor y todavía queda una hora para que el maldito despertador suene.

Me desprendo poco a poco de mi ropa, sin dejar mi posición me deshago de los pantalones del pijama de verano que vuelan por la habitación estrellándose contra el suelo, les siguen las bragas de encaje que me puse ayer para que mi esposo las estrenase. Estaba demasiado cansado, así que me moje las ganas y me quede dormida yo también.

Recordar el calentón de ayer me está excitando e inconscientemente me acaricio el pecho por encima de la camiseta de raso que componía mi pijama. El suave roce sobre mis pezones me excita más todavía y con la otra mano acaricio mis muslos y la pequeña tira de pelo que me deje en forma de perilla en mi última depilación. Me resultaba gracioso ver la cara de mi marido con bigote cuando me realizaba un cunnilingus.

Eso me excita más, y empiezo a acariciar un poco más abajo, notando con mis dedos como me mojo poco a poco hasta tener la mano empapada. Con la palma describo pequeños círculos sobre mi sexo apretando lentamente y soltando mientras me acaricio los pezones con las yemas de los dedos produciendo más excitación.

Lentamente introduzco un dedo en mi vagina concentrándome en la imagen de la boca de mi marido y como introduce su lengua en mi vagina imitando una pequeña penetración cálida y húmeda. Continuo metiendo y sacando el dedo lentamente procurando que mi mano mantenga sobre mi clítoris la presión y restregando con fuerza mientras muevo las caderas acompasando la masturbación.

Mi respiración se hace ajetreada, pellizco mi pezón derecho mientras con mi otra mano introduzco un dedo más en mi vagina y aumento el ritmo de mis caderas para que el roce sea total.

-Me corro!- Musito. Y lo hago, de manera explosiva y lanzando pequeños gemidos de placer mientras noto como mi mano se inunda de mí y el pálpito de mi sexo trasmite el código morse de mis latidos a mis dedos. 

Me he permitido el lujo de grabar con mi móvil toda la escena, en primera persona enfocando mi sexo y mi mano y dejando que mis gemidos queden registrados en un pequeño video que voy a enviar a mi marido.

Espero esta vez no equivocarme de móvil y acabe de nuevo en manos de algún conocido que no debería verlo.

martes, 20 de agosto de 2013

Buenos Vecinos

La terraza era de grandes dimensiones, ciento veinte metros había dicho Gerardo el presidente de la comunidad, que se encontraba en un rincón de la misma frente a una enorme barbacoa preparando hamburguesas y perritos al más puro estilo americano. Era un hombre de unos sesenta años, ya prejubilado, y dispuesto siempre a ayudar. Un buen vecino.

Allí también estaba Luis con su hijo Santiago de diecisiete años. -Ya es hora que aprenda.- Decía entre grandes carcajadas mientras devoraba su perrito. -Ya es hora.-

Carlos, el vecino del primero, también había subido. No le interesaba el espectáculo pero se perdía ni una sola de aquellas reuniones, pese a haber tenido varios encontronazos con el homófobo de Alberto, el casado del quinto y su arpía señora.

Incluso habían subido los amigos de Juan, el panadero de la esquina, que aunque no era propietario en el edificio, siempre subía los panecillos para las meriendas.

Los minutos pasaban entre risotadas, cerveza y camarería masculina. Y todos, sin excepción, con la mirada puesta en la terraza de enfrente que quedaba a escasos veinte metros. De repente, y como si un ángel hubiese interrumpido la reunión masculina, se hizo el silencio. -Ha llegado la hora.- Y los hombres callaron observando embobados como Mónica realizaba su aparición en la terraza vecina.

Salía, como siempre, con su minúsculo tanga, y como siempre realizaba su pequeño espectáculo fingiendo que no sabía que apenas veinte metros más allá un grupo de hombres la observaba.
Estaba contenta así que hoy seria especial, y se encamino como todos los miércoles desde la puerta de su habitación a la ducha que en medio de la terraza había instalado varios meses atrás. Una vez bajo la ducha abrió el grifo dejando que una corriente de helada agua la mojase por completo erizando sus pezones y escurriendo cristalinas gotas por su cuerpo desnudo.

Abriendo ligeramente la boca dejo que la punta de su lengua asomase por ella saboreando el agua mientras sus manos a modo de cuenco se llenaban de agua para poco después llevarlas hasta su cara dejando que el agua escurriera por su boca y cayera por su cuello y sus pechos.
Las manos de Mónica acariciaron su cuello y hombros para proseguir su húmedo recorrido por su pecho, su vientre y sus caderas donde con un pequeño gesto desabrocho el tanga que impedía que aquellos hombres quedasen totalmente absortos.

Una vez el tanga estuvo en el suelo Mónica se agacho para recogerlo doblando la espalda de tal manera que sus intimidades quedaron expuestas a la fría agua y a la mirada de sus particulares fans. Poco a poco se irguió de nuevo sin dejar de acariciar su cuerpo provocando así los vítores del grupo de vecinos que todos los miércoles desde hacía varios meses se reunía para observar las provocaciones de Mónica, realizando tanto ruido que era imposible seguir fingiendo que no los veía.

Así pues con un gesto de reprobación, cubrió su desnudez con sus manos y salió corriendo en pos a la puerta que daba a su dormitorio. Una vez allí, y sin dejar de reírse por el espectáculo ofrecido decidió masturbarse, esta vez en la intimidad que le daba su habitación escondida de los ojos de los hombres. 

¿O no?

lunes, 19 de agosto de 2013

La publicación


El enorme despacho horriblemente decorado con elementos que parecían sacados de una vieja película de novela negra se le hacía pequeño, sus paredes empapeladas con terribles motivos de negras filigranas contra un color pastel parecían apretarse poco a poco aumentando el sentimiento de agobio.

Él, sentado tras una enorme mesa caoba movía sus ojos línea tras línea, hoja tras hoja, del montón de folios que suponían todas las esperanzas de Mónica. De vez en cuando enarcaba una ceja y miraba de soslayo a la autora.

La espera, horrorosa, se hizo interminable y por fin con un gesto meticuloso reordeno los folios amontonándolos sobre la mesa y encuadrando el desorden con los dedos durante unos largos segundos.

-Esto, Mónica, es una verdadera mierda. Lo sabes verdad?- Sentencio por fin, mirando desde la penumbra que le proporcionaba la prominente frente con unos ojos muertos y vacíos de aquel que ha gastado todo su brillo entre un millar de líneas. -Pese a eso lo voy a publicar, porque sé que vas a vender miles de ejemplares, ademas él me lo ha ordenado. El tirón mediático que te dio aquella entrevista en ese programucho horrible de vanalidades nos ha venido de perlas y hará que una jauría de amas de casa con unas vidas sexuales totalmente aburridas se lancen como hienas a comprar la pornografía que has escrito. Pero no lo dudes querida amiga, y te lo digo desde lo más hondo de mi corazón, lo que has escrito es una verdadera basura.

Sabía que decía la verdad, jamás le había mentido y sus consejos siempre habían sido acertados. Pese a sus palabras se fue contenta, ya que le había adelantado un dinero que le vendría bien para las reformas del apartamento, además quería comprarse unos zapatos totalmente fascinantes que había estado viendo en una boutique de su barrio y que tenían un precio disparatado, pero quedarían preciosos en sus pies en la fiesta del estreno de la disco esa misma noche.

No pudiendo evitarlo recorrió con gracia el paseo que separaba su casa de la oficina de su editor contoneando las caderas y dejando que la minúscula falda volase dejando ver de vez en cuando sus preciosas braguitas rosas obligando a los hombres a girarse al verla pasar.

Al día siguiente su libro ya estaba en los quioscos: Término Prohibido ya empezaba a ser la lectura de muchas mujeres.... Que gran sorpresa se iban a dar aquellas amas de casa mojigatas, que gran sorpresa.

miércoles, 14 de agosto de 2013

La Encargada

Mierda otra vez me ha pillado. Me prometí no quedarme con él a solas de nuevo en el trabajo, al final alguien se dará cuenta y acabaremos despedidos los dos, esta feo que una encargada mantenga relaciones con un empleado. Joder, que cachonda que estoy, como me gusta que me aparte la ropa y meta sus manos por debajo de mi blusa agarrando mis pechos y pellizcandome los pezones.

Quítame las bragas o las voy a empapar enteras... No, mejor no me toques que nos pueden pillar...

Me ignora, mientras me sostiene por detrás y sus manos acarician mi pecho, mi cadera, mis muslos y desliza mis bragas hasta el suelo. Volverá a quedárselas lo sé, y tendré que volver a comprarme y explicarle a mi marido el gasto. Es muy controlador con el dinero.

Noto como su pene se abre paso por mi vagina apartando los labios y dejando el hueco lleno de su enorme pene. El rítmico golpeteo de sus testículos en mi clítoris me excita muchísimo. Me deshago en un enorme orgasmo que deja mis piernas empapadas y adormiladas.

Desliza sus brazos bajo mis piernas asiéndome con sus dos manos, agarradas a mis glúteos, para penetrarme de nuevo mientras me besa en el cuello, joder como sabe que me gusta, vuelvo a correrme y esta vez no puedo contener los gritos. Nos ha oído alguien seguro. Pero el no ceja y continua empotrándome contra la pared de la nave mientras hunde cada vez más y más su pene.

Vuelvo a tener un orgasmo mientras veo como el chico nuevo del almacén nos observa escaleras abajo con su pene en la mano, lleva rato allí y se está masturbando.

Mi amante está cerca de terminar así que me deshago de su presa y me arrodillo ante él, me gusta saborear el líquido espeso de su pene, me lo introduzco en la boca y engullo con ansia el preciado líquido mientras con el rabillo del ojo veo como el chico del almacén termina corriéndose sobre las escaleras.. Alguien deberá limpiar eso o tendremos un accidente.

martes, 13 de agosto de 2013

Papeles Cambiados

Eres mi esclavo sexual. Ha sentenciado, y no le falta razón, mientras cogía mi pene con la mano sacándolo del pantalón totalmente erecto, para luego, apartándose las bragas introducirlo en su vagina mientras me monta sobre la silla de la oficina de la que también es propietaria.

Ufff, perro que dura que esta, hazme jadear y no te corras.- me susurra al oído mientras me monta frotando su sexo contra mi pubis mientras su vagina engulle totalmente mi pene y sus carnosos labios dejan un reguero de jugos en mis pantalones, otra vez.

Me obliga a sujetar sus nalgas mientras mueve su cuerpo arriba y abajo, sus manos habilidosas han desabrochado la blusa y retirado en sujetador de encaje negro que ocultaba unos enormes pechos. Ahora me obliga a lamer sus grandes aureolas rematadas en puntiagudos pezones mientras su boca pegada a mi oreja emite pequeños gemidos de placer al son de su cuerpo que se contonea encima mío provocándole un orgasmo tras otro.

Oh, dios mío que ganas tenia.- Me susurra al oído mientras noto un reflujo salir de su vagina y mojar lo poco que me quedaba de dignidad.-Dios, pero que ganas tenías.- Repite una y otra vez mientras mis manos asidas a sus glúteos la ayudan a repetir el rítmico golpeteo que hunde más y más mi pene en la oscura caverna de mi jefa.

De repente, cuando parece que ha terminado, levanta su cuerpo de encima de mí y se gira tumbándose sobre el escritorio alzando las nalgas para que la penetre por detrás. Me niego en un principio pero sé que acabare cediendo así que lentamente la penetro sintiendo la como estrechez de su ano aprisiona mi pene.

La sacudo suavemente dejando que se llene de mi para luego, bajo una orden suya, golpearla con violencia desgarrando otro poco más el pequeño hilo que sujetaba la piel de mi capullo del glande. El dolor es intenso pero breve ya que ella llega al orgasmo enseguida y me obliga con otra orden a descargar dentro de ella.
Vuelvo a casa del trabajo sintiéndome sucio, amargado por una relación laboral que me hastía y sintiéndome el objeto sexual de una jefa tiránica y egoísta.

lunes, 12 de agosto de 2013

La Pastilla.

La suave piel aterciopelada de sus nalgas me produce escalofríos, mientras la acaricio y deslizo sus bragas hasta que tocan el suelo mientras ella arrastra su lengua por mi cuello murmurando palabras sucias con las que llena mi mente mientras mi pene se hace cada vez más y más grande. Meto mi mano entre sus piernas deslizando mi dedo índice hacía en interior de su húmeda vagina, me excita muchísimo que se depile del todo para mí, me excita más aun notar su cada mayor humedad. Recorro con mis dedos su pequeña apertura mientras encamino mi exploración por su vientre, sus pechos para que mi mojado dedo acabe en su boca y sea saboreado con ansia y hambre.

Ella se arrodilla ante mí desabrochando mis pantalones, dejando fuera mi ya chorreante pene. Lo introduce en su boca lamiendo mi glande, recorriendo con su lengua todo él y succionándolo. Introduce mi pene en su boca arrastrando sus labios hasta que todo el queda enteramente en su boca, puedo notar su garganta. Sacándolo de la boca lo sujeta con ambas manos mientras los restriega por su cara y lo lame desde la  base hasta la punta.

Me tumba en la cama, desnudo, con mi pene formando ante ella y se coloca de cuclillas dejando su espectacular vagina a la altura de mi pene, para introducirlo lentamente en ella. La sensación es fantástica, suave y húmeda, cálida... No puedo contenerme y acabo corriéndome en su interior en el primer meneo de caderas. Pero mi pene sigue en pie por lo que ella puede seguir con su ajetreada cabalgadura meneando las caderas adelante y atrás, moviéndose en circules llevándome a las más altas esferas de placer mientras su preciosa vagina llena de efluvios femeninos mi pene y mis piernas dejándolo todo encharcado.

Sé que está sufriendo otro orgasmo porque cuando lo hace grita entusiasmada mientras cierra los ojos y abre la boca desmesuradamente. Sus pechos botan incesantemente ante mis ojos y de vez en cuando me permite lamerlos en una de sus idas y venidas.

Vuelvo a tener otro orgasmo, es increíblemente placentero, pero mi pene no desea terminar y continúa inagotablemente tieso en su interior mientras continua moviendo su cadera y vuelve una vez más a correrse encima de mí.

Pasan los minutos y el efecto de la pastilla que me ha dado hace una hora va desapareciendo, mi pene vuelve a estar en reposo más colorado que antes. Un escalofrió recorre mis piernas debido a la constante y salvaje fuerza que ejercían sus glúteos sobre ellas. Ahora estoy cansado mientras ella yace encima mía jadeante y exhausta..

Observo mientras voy quedándome dormido como la luz del sol acaricia su piel y deja al contra luz montañas aterciopeladas. Alargo mi mano a la mesilla cogiendo otra pastilla y junto al vaso de agua la llevo a mi boca. Son treinta minutos, así que toca esperar.

jueves, 1 de agosto de 2013

El Concierto

La música suena alta, estridente, mientras el cantante suda la camiseta desgranando rimas al ritmo de hip hop en el escenario.

Estoy en primera fila, dando pequeños saltos que hacen que mis pechos, encerrados en una minúscula camiseta, salten libres al ritmo de las verdades que nos escupen en la cara. En concierto esta abarrotado, la gente se agolpa detrás de mí intentando llegar a la verja que nos impide llegar a los artistas.
Por cada estrofa, por cada golpe de batería, por cada acorde que de los grandes altavoces retruena nos apretamos más y más.

Un tío está detrás mí, lleva rato frotando su sudoroso cuerpo contra el mío. Al principio no me importaba, luego llego a molestarme, ahora lo agradezco. Sus fuertes manos han rozado en un par de ocasiones mis pechos erizándolos, siento su aliento en mi nuca, excitándome con cada exhalación.
Sé que el también lo ha notado porque está sujetando con sus manos mi cintura mientras me besa el cuello por detrás mientras me susurra al oído marranadas que no entiendo bien.

Su mano desabrocha los primeros botones de mi apretadísimo vaquero y se abre paso por debajo de las bragas, separo ligeramente las piernas para facilitarle el trabajo. No le he visto la cara aunque tampoco importa, sus manos hablan por él y me dibujan su rostro en mi mente.

Mientras juguetea con mi clítoris otra mano sujeta firmemente mi pecho mientras que una tercera y una cuarta me bajan los pantalones hasta los tobillos... Estoy siendo el juguete sexual de dos hombres!!
El concierto prosigue mientras mis amantes, que ahora son tres, me sujetan por las piernas elevando mi cuerpo para que un cuarto me penetre despacito, con cariño pero con firmeza.

Siento su enorme pene abre paso por mi vagina mientras unos dedos acarician mi clítoris, mis muslos, mis pechos. La excitación es tan grande que llego al orgasmo apenas pasados unos segundos dando rienda suelta a mis gritos y gemidos que se pierden en el clamor del público y de la música.

Mis amantes también lo han notado y cambian de postura para que otro sea el que me penetre, esta vez desde el frente dejando que le vea la cara. Apenas es un jovencito de veinte años que me observa como no pudiendo creerse que está tomando a una hembra.

En un par de minutos el joven termina llenándome de su blanca esperma y deja paso a que el más adulto de ellos penetre mi lubricada vagina. Me golpea desde detrás, fuerte, con un pene que llena todo mi ser, es tan descomunal su miembro que grito desesperada mientras abro las piernas más para dejar que me llene por completo. No tarda mucho en terminar dejando tras de sí dos enormes orgasmos que dejan mis piernas temblando. Apenas puedo tenerme en pie cuando unas manos suaves, mi cuarto amante, me vuelven a colocar los vaqueros y una cara femenina aparece en mi campo de visión coronada por una gran melena rubia.

Sonriente me besa en los labios mientras su mano se desliza entre mis bragas e introduce uno de sus dedos en mi vagina. La excitación es tal que le devuelvo el favor metiendo mi mano debajo de su falda y acariciando su clítoris. Los besos y magreos continúan hasta que ambas llegamos al orgasmo rodeadas de una multitud ajena a nuestro juego.

El concierto termina y me reúno con mis amigos, no les cuento nada, no deseo que lo sepan, el recuerdo lo llevo dentro y más tarde lo escribiré en mi blog.

jueves, 25 de julio de 2013

El trato / En Peligro

Sujeta fuertemente el tubo de helada cerveza, dejando que las gotas de agua resbalen por sus dedos acariciándole, como único asidero a la realidad. Sentado a horcajadas sobre el mullido taburete sus ojos se pierden en la tostada piel de la mujer que ataviada con un pequeño tanga y unos tacones de vértigo baila para él.

Desde las alturas, agarrada a una barra de acero, mueve su sensual cuerpo en sinuosas piruetas que mantienen al sujeto bajo un hechizo del que no puede salir.

Unas mesas más abajo otro hombre se entrega por completo a la observación de otra hembra que con diferente tono de piel repite su mortal baile hipnotizando su mente como si de un niño se tratase.
La escena es dantesca y sigo sin comprender cuál es el significado de todo esto, que les falta a estos hombres para que tengan que caer en el hechizo de los bailes de mujeres que ni siquiera cruzan una palabra con ellos.

Mi bailarina, ajena a mis elucubraciones sigue contoneándose ante mí acariciando de vez en cuando con sus manos mi cara, para luego repasar de manera lujuriosa su propio cuerpo, como si restregase parte de mi esencia por sus pechos desnudos.

-Mónica, baja de una puñetera vez. Tú me has llamado porque querías hablar conmigo. Sabes que estos lugares no son de mi agrado. - Le insisto de nuevo para que se baje de la mesa y se siente a mi lado, cogiendo con una mano la suya y alertando al guardia que desde el fondo de la observación me mira. Sé que el gorila podría matarme con solo quererlo, pero soy suficientemente importante como para que se limite a ver como rompo una de las reglas que con tanto interés vigila. He tocado a una de las chicas...

Mónica por fin se deja de juegos y se tuba en un pequeño diván que se encuentra a mi lado permitiendo que su  cuerpo quede perfectamente visible a mis ojos y al alcance justo de mis manos.

-Hazme el amor... Estoy muy cachonda.- Me susurra al oído mientras acaricia mi pecho y mira de reojo al vigilante que en su rincón aguarda nervioso.-hazme el amor o grito que me has metido mano, y entonces ese tipo de allí se te comerá vivo.- Me susurra de nuevo mientras sonríe dejando que su aliento acaricie mi cuello.
Mi mano se posa en su cabeza mientras en que la otra se introduce dentro de la chaqueta para sacar una pequeña caja de metal que contiene unos pequeños cigarros. Delicadamente deslizo mis dedos dentro de ella y porto uno de esos cigarros a mi boca mientras que chasqueo los dedos de la otra mano para solicitar fuego del propietario del local que atentamente se precipita en encenderlo.

-No, cariño, no lo haría.-Le digo quedamente mientras sonrió al propietario.- Creo que me tiene más miedo que a su jefe.

Mónica se levanta y se queda frente a mí, con un pequeño movimiento de caderas deja que el pequeño tanga caiga al suelo dejando ante mi cara un pubis con una enorme marca roja en forma de flecha que lo cubre de abajo arriba inclinándose a la izquierda.

-Quien te ha dejado su firma Mónica? Acaso ahora tienes dueño? Pensé que siempre habías sido un pájaro libre.-

Miro atentamente al dueño del local descubriendo que la misma marca recorre su pecho en forma de tatuaje, el muy cabrón se ha atrevido a marcar a mi chica como si fuera una res de su propiedad, y al parecer lo ha hecho con algo candente.

El estúpido troglodita que me miraba sentado desde un rincón, con sus ciento cincuenta kilos de simio descerebrado continúa sentado en el pequeño taburete mientras que de un rápido giro de muñeca saco una pequeña hoja de cerámica y con ella degüello a su jefe dejando que ríos de sangre resbalen por su cuerpo al suelo.

Agarro por la cintura a Mónica y la porto cual saco de patatas, desnuda, solo con los zapatos de tacón y la horrible marca en su cuerpo. Mientras paso al lado de guardia que me mira sin saber si debe ayudarme o detenerme le espeto. -Tu no me has visto nunca y no sabes que le ha ocurrido a tu jefe, ve al aseo a consumir toda la coca que puedas para que la policía se trague que estabas colocado.- Y mientras obedece saco a Mónica de ese infierno metiéndola en mi coche.

Mientras conduzco saliendo del "paraíso" me pregunto qué coño ha hecho ahora esta mujer para meterse en problemas de nuevo. 

-Firmamos un trato perra.- Le susurro una vez que llegamos a su casa, mientras la tumbo en la cama y la cubro con una sábana. -Y tienes la obligación de cumplirlo.- 
Sentencio mientras, después de cerciorarme que se encuentra en buen estado de salud y recojo mi tridente (no me gusta salir a la calle con el). -Lo firmaste con tu sangre....